Archive for the ‘Cuentos sufistas’ Category

10
Sep

Por qué el perro no podía beber

   Posted by: admin   in Cuentos sufistas

Le preguntaron a Shibli:

- ¿Quién te guió en el camino?

Contestó:

- Un perro.

Un día lo encontré casi muerto de sed a la orilla del río. Cada vez que veía su imagen en el agua,
se asustaba y se alejaba creyendo que era otro perro.

Finalmente, fue tal su necesidad que venciendo su miedo se arrojó al agua; y, entonces,  “el otro perro” se esfumó. El perro descubrió que el obstáculo era él mismo y la barrera que lo separaba de lo que buscaba había desaparecido.

De esta misma manera, mi propio obstáculo desapareció cuando comprendí que era mi propio ser.
Fue la conducta de un perro lo que me señaló por primera vez el Camino.

Extraído del libro El camino del sufí, Idries Shah. Ed. Paidos, 2ª edición 1978. Buenos Aires.

13
May

La mochila

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“El Mulá Nasrudín se encontraba en las afueras de Isfahan, descansando debajo de un árbol, cuando vio aparecer a un mochilero.

-¿Dónde vas extranjero? – le preguntó cortésmente

-En realidad no lo sé – contestó el caminante – ando en busca de felicidad. No necesito trabajar pues he cosechado una considerable fortuna, la vida no me ofrece mayores desafíos, y nada me satisface.

Sin decir nada, de un salto, Nasrudín arrebató la mochila del desconocido y escapó a toda prisa.

La víctima corrió detrás de él con todas las fuerzas de su alma. Pero el Mulá conocía bien el lugar, y todos sus atajos, así que no le fue difícil dejarlo atrás.

Al llegar a una carretera Nasrudín abandonó la mochila y se escondió detrás de un arbusto.

Un rato después llegó el desesperado viajero, que no podía dar crédito a sus ojos al ver a su mochila en medio del camino. Así que corrió hacia ella, la tomó y comenzó a saltar de alegría.

Entonces, el Mulá salió del arbusto y le dijo: -Esa es una manera de crear felicidad.“

13
May

La leyenda del tabaco

   Posted by: admin   in Cuentos sufistas

“Hace mucho tiempo, un príncipe tenía un hijo en edad de matrimonio, pero para desilusión de su padre, no tenía ningún interés en encontrar una esposa. El problema era que ninguna mujer tenía la belleza ni el carisma para ganar su corazón. Sin embargo, un día, el joven se fue a cazar al bosque y encontró una mujer vagando por la espesura. Ella era tan adorable que él se enamoró instantáneamente, sin pensar en lo raro que era que una mujer así estuviera viviendo tan lejos en el centro de la taiga. Deslumbrado, decidió casarse con ella enseguida y llevarla a su campamento.

El hijo nunca le contó a su padre de su repentino matrimonio con la mujer misteriosa. Hombre y mujer vivieron felices por un largo tiempo. Sin embargo, otra gente notó que la mujer era muy extraña, que parecía no tener un pasado y que comía la carne de tejones que apaleaba a muerte en el bosque.

Cuando los rumores del hijo y de su excéntrica esposa llegaron a los oídos del noble padre, éste viajó al campo de su hijo para averiguar qué había pasado, sospechando que la mujer era un bong, un ser no-muerto que es creado cuando un shutger (espíritu maligno) entra en el cuerpo de alguien que acaba de morir, trayéndolo de vuelta a la vida. Estas criaturas viven en la profundidad del bosque comiendo pequeños animales y evitando a los lobos, que los cazan.

Cuando el príncipe llegó a la casa de su hijo, encontró a la hermosa y misteriosa mujer que se había convertido en su nuera. Mandó aprisionarla y cuando sus hombres la jalaron del cabello, encontraron un ojo de más en su cabeza, signo seguro de que era un bong. El padre ordenó que fuera decapitada.

Antes de su muerte, la esposa hizo una última promesa a su esposo: “En un año, vuelve a este lugar donde mi sangre será derramada sobre la tierra y encontrarás una hermosa planta. Toma sus hojas, sécalas y fúmalas. Te harán sentir la felicidad que sentiste junto a mí”.

El próximo verano, el joven volvió al lugar exacto de la ejecución de su esposa. En el claro había una planta alta muy hermosa, como nunca antes había visto. Tomó sus hojas, las secó, y las fumó como le había dicho su mujer. Al fumarlas, sintió felicidad y consuelo por el último obsequio de su amada.

Hasta este día, muchos hombres disfrutan de este último regalo de la mujer a los humanos. Pero, como el amor de una mujer hermosa, este obsequio tiene sus peligros, ya que esclaviza al hombre con su poder adictivo.”

13
May

La fábula del alcohol

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“Había una vez un lama budista que viajaba a través de la estepa como un badarch, un hombre santo que lleva bendiciones a las familias nómades a cambio de comida y hospedaje. Era cerca del anochecer cuando el lama divisó un ger[hogar] solitario en la estepa, con algún ganado alrededor. Al acercarse, una joven salió a saludarlo. Ella era la única persona viviendo allí.

Cuando él le solicitó su hospitalidad, ella dijo que podía pasar la noche bajo una condición. Debía elegir hacer una entre tres cosas. Podía beber alcohol, dormir con ella o sacrificar una cabra. Esto último era tabú para los lamas, ya que sólo un chamán puede sacrificar una cabra. Como las tres opciones eran, hasta cierto punto, una falta, fue una decisión difícil. Decidió que tomar alcohol sería la menos dañina.

Bebió el alcohol y, mientras estaba borracho, mató a la cabra. Cuando despertó a la mañana siguiente, compartía la cama de la joven.

Entonces aprendió que beber puede ser una falta menor, pero que puede, fácilmente, conducir a un hombre a hacer cosas terribles.”

13
May

Somos injustos con el Diablo

   Posted by: admin   in Cuentos sufistas

Un día el Diablo le dijo a Dios:

“¿Qué es esto? ¡Qué injusto! Haga lo que haga la gente, siempre que ocurre algo malo me echan la culpa a mí. ¿Qué culpa tengo yo? ¡Soy inocente! Mira, te mostraré como me culpan por todo”.

Había un fuerte carnero sujeto a una cuerda, que a su vez, estaba atada a una estaca. El Diablo aflojó la estaca y dijo: “Esto es todo lo que voy a hacer”.

El carnero dio un tirón y arrancó la estaca del suelo. La puerta de la casa de su propietario estaba abierta y, en la entrada, había un hermoso espejo, enorme y antiguo. El carnero vio su reflejo en el espejo, agachó la cabeza y atacó. La luna quedó destrozada.

La dueña de la casa corrió escaleras abajo y vio su hermoso espejo, que había estado en la familia durante años, completamente destrozado. Enfurecida, les gritó a los sirvientes: “¡Cortadle la cabeza a ese carnero! ¡Matadlo!”. Así que los sirvientes mataron al animal.

Pero aquel carnero era una bestia especialmente querida de su marido, que le había dado de comer de su mano cuando era pequeño.

Así que al llegar a casa halló a su hermoso carnero muerto. “¿Quién le ha matado? ¿Quién ha podido hacer algo tan terrible?”.

Su mujer gritó: “Yo maté a tu carnero. Lo hice porque había destrozado ese espejo tan hermoso que me habían legado mis padres”.

El marido, airado, replicó: “En ese caso, me divorcio de ti”.

Los chismosos del vecindario les dijeron a los hermanos de la mujer que su marido iba a divorciarse de ella por causa del carnero que había matado.

Los hermanos se pusieron furiosos. Reunieron a sus parientes y salieron por el marido, armados con fusiles y espadas. El marido oyó que venían y llamó a sus propios parientes a defenderle. Las dos familias comenzaron una disputa en la que se quemaron muchas casas y murieron muchas personas.

El Diablo dijo: “¿Ves? ¿Qué he hecho yo? Tan sólo mover la estaca. ¿Por qué voy a ser responsable de todas las cosas terribles que se hicieron los unos a los otros? Yo tan sólo aflojé un poquito la estaca.”

13
May

El pichón de águila

   Posted by: admin   in Cuentos sufistas

Había una vez un campesino que fue al bosque vecino a atrapar un pájaro para tenerlo cautivo en su casa. Consiguió cazar un pichón de águila. Lo colocó en el gallinero, junto con las gallinas. Comía mijo y la ración propia de las gallinas, aunque el águila fuera el rey o la reina de todos los pájaros. Después de cinco años, este hombre recibió en su casa la visita de un naturalista. Mientras paseaban por el jardín, dijo el naturalista:

-Este pájaro que está allí no es una gallina. Es un águila. -De hecho -dijo el campesino- es águila, pero yo lo crié como gallina. Ya no es un águila. Se transformó en gallina como las otras, a pesar de tener las alas de casi tres metros de extensión.

-No –dijo el naturalista - ella es y será siempre un águila pues tiene un corazón de águila. Este corazón la hará un día volar a las alturas.

-No, no –insistió el campesino-. Ella se convirtió en gallina y jamás volará como águila.

Entonces, decidieron hacer una prueba. El naturalista tomó el águila, la levantó bien en alto y, desafiándola, le dijo:

-Ya que usted es de hecho un águila, ya que usted pertenece al cielo y no a la tierra, entonces, ¡abra sus alas y vuele!

El águila se posó sobre el brazo extendido del naturalista. Miraba distraídamente alrededor, vio a las gallinas allá abajo, picoteando granos y saltó junto a ellas.

El campesino comentó:

-Yo le dije, ¡ella se convirtió en una simple gallina!

-No –insistió el naturalista-. Ella es un águila. Y un águila será siempre un águila, experimentaremos nuevamente mañana.

Al día siguiente, el naturalista subió con el águila al techo de la casa. Le susurró:

-Águila, ya que usted es un águila, ¡abra sus alas y vuele!

Pero, cuando el águila vio allá abajo a las gallinas, picoteando el suelo, saltó y fue junto a ellas. El campesino sonrió y volvió a la carga:

-Yo le había dicho, ¡ella se convirtió en gallina!

-No –respondió firmemente el naturalista. Ella es águila, poseerá siempre un corazón de águila. Vamos a experimentar todavía una última vez, mañana la haré volar.

Al día siguiente, el naturalista y el campesino se levantaron bien temprano. Tomaron el águila y la llevaron fuera de la ciudad, lejos de las casas de los hombres, en lo alto de una montaña. El sol naciente doraba los picos de las montañas. El naturalista levantó el águila al cielo y le ordenó:

-Águila, ya que usted es un águila, ya que usted pertenece al cielo y no a la tierra, ¡abra sus alas y vuele!

El águila miró alrededor. Temblaba como si experimentase una nueva vida. Pero no voló. Entonces, el naturalista la tomó firmemente, en dirección del sol, para que sus ojos pudiesen llenarse de la claridad solar y de la vastedad del horizonte. En ese momento, ella abrió sus potentes alas, graznó con el típico kau, kau de las águilas y se levantó, soberana, sobre sí misma.

Y comenzó a volar, a volar hacia lo alto, a volar cada vez más alto. Voló… Voló hasta confundirse con el azul del firmamento.

13
May

El pescador y la botella mágica

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Un pescador encontró entre sus redes una botella de cobre con el tapón de plomo. Parecía muy antigua. Al abrirla salió de repente un genio maravilloso que una vez liberado le dijo al pescador:

-Te concedo tres deseos por haberme sacado de mi encierro. ¿Cuál es tu primer deseo?

-Me gustaría que me hicieras lo bastante inteligente y claro como para hacer una elección perfecta de los otros dos deseos -dijo el pescador.

-Hecho -dijo el genio-, y ahora, ¿cuáles son tus otros dos deseos?

El pescador reflexionó un momento y dijo:

-Muchas gracias, no tengo más deseos.

13
May

El devoto y la prostituta

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Había una vez un hombre devoto que dedicaba su tiempo a la oración y meditación, su objetivo eran las cosas del alma y la búsqueda de la verdad. Sucedió que se mudó a vivir justo frente de su casa una prostituta que todo el tiempo recibía todo tipo de hombres. El hombre devoto se sentía enojado e indignado y le decía a Allah como podía mandarle algo así, pues esto era motivo para perder su concentración y desviarse de sus plegarias; “una mujer así no merecía ningún tipo de favores”. Pasó el tiempo y el hombre devoto cada vez sentía más desagrado por aquella mujer. Por el contrario la prostituta se sentía muy honrada y afortunada de que frente a su casa viviera un hombre de condición espiritual, de modo que siempre le agradecía a Allah esa oportunidad de estar cerca de personas de dignidad. Ya que ella se veía obligada por las circunstancias a llevar ese tipo de vida.

Entonces ocurrió que los dos murieron a la vez, pues se produjo un enorme desastre natural y así los dos se vieron frente a la corte celestial. Allí se les dijo: “cada cual somos lo que cosechamos”. Así el hombre devoto fue condenado por no haber vivido su vida con satisfacción y agradecimiento y además haber tenido sentimientos negativos hacia otros y la prostituta fue salvada, pues ella había vivido su vida con gratitud, aceptación y pensamientos amables hacia los demás.

13
May

El asno y el camello

   Posted by: admin   in Cuentos sufistas

Un asno y un camello caminaban juntos. El camello se movía con pasos largos y pausados. El asno se movía impacientemente tropezándose de vez en cuando. Al fin el asno dijo a su compañero:

- ¿Cómo es que me encuentro siempre con problemas, cayéndome y haciéndome rasguños en las patas, a pesar de que miro cuidadosamente al suelo mientras camino, mientras que tú que nunca pareces ser consciente de lo que te rodea, con tus ojos fijos en el horizonte, mantienes un paso tan rápido y fácil en apariencia?

Respondió el camello:

- Tu problema es que tus pasos son demasiados cortos y cuando has visto algo es demasiado tarde para corregir tus movimientos. Miras a tu alrededor y no evalúas lo que ves. Piensas que la prisa es velocidad, imaginas que mirando puedes ver, piensas que ver cerca es lo mismo que ver lejos. Supones que yo miro el horizonte, aunque en realidad sólo contemplo hacia el frente como modo de decidir qué hacer cuando lo lejano se convierta en cercano. También recuerdo lo que ha sucedido antes y así no necesito mirar hacia atrás y tropezar una vez más. De este modo lo que te parece confuso o difícil se vuelve claro y fácil.

Idries Shah, El yo dominante.

13
May

El amor y la pasión

   Posted by: admin   in Cuentos sufistas

Había una princesa que estaba locamente enamorada de un capitán de su guardia y, aunque sólo tenía 17 años, no tenía ningún otro deseo que casarse con él, aún a costa de lo que pudiera perder. Su padre que tenía fama de sabio no cesaba de decirle:

-No estás preparada para recorrer el camino del amor. El amor es renuncia y así como regala, crucifica. Todavía eres muy joven y a veces caprichosa, si buscas en el amor sólo la paz y el placer, no es este el momento de casarte.

-Pero, padre, ¡sería tan feliz junto a él!, que no me separaría ni un solo instante de su lado. Compartiríamos hasta el más profundo de nuestros sueños.

Entonces el rey reflexionó y se dijo:

-Las prohibiciones hacen crecer el deseo y si le prohíbo que se encuentre con su amado, su deseo por él crecerá desesperado. Además los sabios dicen: “Cuando el amor os llegue, seguidlo, aunque sus senderos son arduos y penosos”.

De modo que al fin le dijo a su hija:

-Hija mía, voy a someter a prueba tu amor por ese joven. Vas a ser encerrada con él cuarenta días y cuarenta noches. Si al final siguen queriéndose casar es que estás preparada y entonces tendrás mi consentimiento.

La princesa, loca de alegría, aceptó la prueba y abrazó a su padre. Todo marchó perfectamente los primeros días, pero tras la excitación y la euforia no tardó en presentarse la rutina y el aburrimiento. Lo que al principio era música celestial para la princesa se fue tornando ruido y así comenzó a vivir un extraño vaivén entre el dolor y el placer, la alegría y la tristeza. Así, antes de que pasaran dos semanas ya estaba suspirando por otro tipo de compañía, llegando a repudiar todo lo dijera o hiciese su amante. A las tres semanas estaba tan harta de aquel hombre que chillaba y aporreaba la puerta de su recinto. Cuando al fin pudo salir de allí, se echó en brazos de su padre agradecida de haberle librado de aquel a quién había llegado a aborrecer.

Al tiempo, cuando la princesa recobró la serenidad perdida, le dijo a su padre:

-Padre, háblame del matrimonio.

Y su padre, el rey, le dijo:

-Escucha lo que dicen los poetas de nuestro reino:

“Dejad que en vuestra unión crezcan los espacios.

Amaos el uno al otro, más no hagáis del amor una prisión.

Llenaos mutuamente las copas, pero no bebáis de la misma.

Compartid vuestro pan, más no comáis del mismo trozo.

Y permaneced juntos, más no demasiados juntos,

pues ni el roble ni el ciprés, crecen uno a la sombra del otro”.